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Durante aproximadamente una década, Gisèle Pelicot fue víctima de sumisión química por parte de su propio esposo, permitiendo que cerca de 90 hombres la violaran sistemáticaticamente. En el juicio en Lyon, sólo 51 de ellos están siendo juzgados, dejando interrogantes sobre la justicia y la impunidad.
La víctima de 71 años, fue sometida a violaciones en al menos 92 ocasiones entre 2011 y 2020. Su esposo, Dominique, organizaba estos encuentros a través de internet, donde contactaba a decenas de hombres para que abusaran de ella en su propia casa en Mazan, localidad al sur de Francia, mientras él presenciaba los actos en una especie de voyeurismo.
Gisèle Pelicot, quien mantuvo estado de absoluta inconciencia durante las violaciones debido al efecto de ansiolíticos, ha sido enfática en solicitar que el juicio sea realizado de manera pública para que se pudiera ver a los acusados, siendo su abogado quien expresó que la “vergüenza” debía pasar al otro lado de la sala de audiencias.
Al analizar el material informático, la policía descubrió miles de fotos y vídeos de las agresiones sufridas en contra de Gisèle, donde su esposo grabó cada violación y las organizó en carpetas con los datos de los agresores.
Como si fuera poco, las indagaciones permitieron encontrar imágenes de menores de edad y mujeres en baños públicos, e inclusive un set fotográfico de una de las hijas del matrimonio, donde se observa a esta desnuda mientras duerme.
La policía además logró determinar, conforme a la data de los videos, que Gisèle había sido víctima de violaciones por aproximadamente 10 años, individualizándose la identificación de 51 de los más de 80 agresores involucrados.
Es un caso brutal, de violación reiterada, en el marco de una relación conyugal y bajo un contexto de extrema intimidad. No solo el hecho de que sea el propio marido, quien haya drogado a Gisèle, es lo realmente impactante. Dominique Péllicot establecía reglas estrictas para los abusadores, como evitar olores de perfume o tabaco, estacionar lejos del domicilio y calentar las manos antes de tocar a su esposa, quien permanecía inconsciente durante los actos.
Por otro lado, los acusados, de entre 22 y 70 años, en su mayoría sin antecedentes penales, son sujetos integrados en la sociedad, muchos casados y considerados «intachables» por sus vecinos, aún cuando cinco de ellos enfrentan cargos adicionales por posesión de pornografía infantil encontrada en sus computadores.
Algo que no deja de sorprender es que ninguno de los acusados denunció el hecho una vez realizada la propuesta por Dominique Pélicot, quienes al ser enfrentados a los cargos, negaron las acusaciones afirmando que el consentimiento del marido era suficiente para realizar estos actos.
Sin duda, este caso refleja la urgente necesidad de erradicar la cultura de la violación y la violencia contra la mujer en nuestra sociedad; subrayando la importancia de implementar cambios profundos en las generaciones presentes y futuras para prevenir este tipo de atrocidades.
Por lo demás, es necesario destacar el rol clave que mantiene la asesoría legal en la protección de la comunidad y en garantizar el acceso a la justicia, contribuyendo a la creación de una sociedad más segura y equitativa en la defensa de sus derechos.